Es el ejemplo más claro de la esperanza, de la superación, de la fe, de la no rendición y de la creencia ciega en una idea y en un objetivo. Es el calro reflejo de una felicidad tan sana como real y cierta. El modesto Mirandés se clasificó ayer para las semifinales de la Copa del Rey tras eliminar al Espanyol, habiendo hecho antes lo mismo con el Villareal y el Racing de Sántander, de la forma más épica posible. El partido aguantó 0-0 la primera parte y, tras el tempranero gol de Rui Fonte nada más empezar el segundo tiempo, el Mirandés remontó con dos golazos, uno del “pichichi” Pablo Infante y otro de cabeza y sobre la bocina de Caneda.
Locura, felicidad, alegría, lágrimas,… todo Miranda y todo Anduva estallaba de emoción para culminar una noche que difícilmente podrán olvidar. El objetivo real de este equipo es ascender a Segunda División a final de temporada, pero este es un regalo que les ha dado el fútbol, pequeños gozos que da la vida en estos tiempos tan complicados para todos. Estos pequeños detalles son los que uno debe apreciar y disfrutar al máximo cuando suceden. El Mirandés puso todo su empeño sobre ello, todos a una, sin rendirse nunca. Y lo consiguieron. “En la entrada hay una placa que pone ‘Esto es Anduva’”, dijo Pablo Infante en Cuatro al finalizar el partido, advirtiendo de que quien juegue ahí no lo va a tener fácil.
Muchos se estarán recuperando todavía de la larga noche mirandesa. ¿Y ahora qué?, se preguntarán por Miranda. Pues ahora lo que les echen, porque van a dar el resto y no se van a conformar con jugar la semifinal: pelearán por meterse en la final. ¿Madrid, Barça, Valencia? Por ahora, tienen claro que quieren ir paso a paso, y eso demostró la afición cantando al unísono al finalizar el encuentro: “¡Si, sí, sí, nos vamos a Bilbao!”. Que continúe el sueño. Grande, Mirandés.


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